martes, diciembre 02, 2008

Renovar el DNI: La grasilla

Hoy he ido a renovar el DNI. La espera ha sido corta y la atención buena. No tengo ninguna queja. Sin embargo, hay un detalle que merece la pena comentar: la toma de huellas.

La primera vez que me saqué el DNI me pringaron el índice derecho de tinta negra. Para quitármela tuve que frotarme con un trozo de papel higiénico mojado en gasolina. La gasolina estaba en un bote de plástico (¿una botella recortada?) en una mesa dentro de la misma comisaría. Se nota que en esa época la seguridad no era prioritaria. Ni la higiene. Hoy, no he tenido que mojar ningún dedo en tinta. Me han escaneado la huellas con un lector óptico. Esto supone un avance en seguridad. Ya nadie puede quemar la comisaría fácilmente pero no en higiene. Me explico.

El lector de huellas es un aparatejo que tiene una ventanita donde se apoya el dedo (ver foto) El funcionario me ha dicho que lo pusiera de canto y lo girara hasta apoyarlo completamente. El índice derecho ha necesitado dos intentos para conseguir una huella correcta. El izquierdo ha sido otra peli.




Parece que la maquinita tiene truco. Yo ponía el dedo, giraba y la huella no salía bien. Repito. Nada. Otra vez. Tampoco. Entonces, el funcionario me dice: "A ver. Esto no sale. Date un poco con el dedo en la frente a ver si con la grasilla sale mejor". Harto de pasar el dedo, le he hecho caso. Frote digital en la frente y mano de santo, huella tomada. Luego, mientras se imprimía el documento me ha dado tiempo a pensar.



Mientras esperaba, he estado mirando el lector. Al menos había cuatro huellas y no todas eran mías. O sea, que esto es de uso común, claro. O sea, que debe de fallar bastante. O sea, que el que al cabo del día más de uno se pasa el dedo por la frente grasienta para mejorar la lectura. O sea, que a saber qué cantidad de grasa propia y ajena me he llevado puesta. O sea, asco infinito.

Confirmación: a los pocos segundos la funcionaria de la mesa de al lado le ha daba el mismo consejo a una señora. La señora se ha pasado el dedo por la barbilla, por la mejilla y por la frente. Sólo le ha faltado metérselo en la oreja. Y aún se lamentaba de no haberse dado crema esa mañana.

No sé ustedes, pero yo quiero que vuelva la tinta.